Imágenes e intenciones

Hace algunas décadas, los neurofisiólogos descubrieron que el cerebro no distingue cuando se trata de una imagen elaborada mentalmente, de lo que es la percepción de la realidad objetiva. El cerebro procesa las imágenes, los sonidos y las sensaciones de tal manera que en cualquier momento lo puede evocar y revivir, de manera impresionante.
El Dr. Wilbur Penfield (neurólogo canadiense) hace unas décadas, mientras operaba un paciente a cerebro abierto, y con la ayuda de electrodos, con los cuales estimulaba áreas de la corteza cerebral expuesta, encontró que el paciente rememoraba situaciones y traía consigo a conciencia, todas las sensaciones que vivió en el momento que se dio la situación. Este hecho fue validado por muchas evidencias, que permitieron generalizar estas conclusiones. Estos hallazgos neurológicos sirvieron de base para el desarrollo del Análisis Transaccional por el Dr, Eric Berne. Ese hallazgo nos hace comprender porque un aroma determinado, hace recordar una situación específica, personas, lugares, en fin eventos que se dieron hace muchos años.
Muchos años después, se descubrió que el cerebro codifica las imágenes en visuales, auditivas, cinestésicas, de acuerdo al canal sensorial por el cual se captó. Toda la experiencia humana se organiza de acuerdo a representaciones que pueden ser evocadas en cualquier momento, el cerebro tiene una enorme capacidad para guardar experiencias que ninguna computadora actual la puede igualar. La dificultad estriba en que no siempre se tiene acceso a lo que existe en esta memoria. En el diario vivir, de manera automática surgen los recuerdos y representaciones que alimentan el pensamiento, el razonamiento y las decisiones conscientes e inconscientes, a lo largo de los días. Una persona puede tener más de veinte mil pensamientos, en un día, que pueden aparecer de diferentes maneras, pero que a medida que estos tienen estructura, o se repiten de manera sistemática le dan forma al carácter y a la personalidad del sujeto.
El sistema nervioso central almacena los pensamientos, así como los estados emocionales que activamos cada vez que estamos en determinada situación, así como los comportamientos que nos hacen ser eficaces o ineficientes. En otras palabras en nuestro sistema nervioso y las estructuras profundas del cerebro, se estructura una gran cantidad de programas que en algún momento se activan.
Las personas tienen patrones de comportamiento, esquemas reconocibles de reacción frente a determinadas situaciones. El comportamiento tiene estructura, desde el punto de vista de la Programación Neurolingüística. Esta cualidad es lo que permite analizarla, sistematizarla y tratar con sus disfuncionalidades. Se ha dicho que no hay comportamientos malos o errados, sino fuera de lugar. Entre las hipótesis de trabajo de la PNL, se plantea que detrás de cada comportamiento hay una intención positiva. En medio de las conductas más desacertadas o patológicas, está la búsqueda de un fin positivo para la persona: sentirse seguro, reconocido por los demás, valioso, apropiado, libre y otros. Generalmente, es lo que en última instancia busca el ser humano. Obviamente que lo “bueno o malo” de una intención básica del ser humano depende de su marco ético – moral.
Las personas, activan en su comportamiento rutinario, “programas” que han creado no siempre de manera conciente, y que le han dado resultados. Los programas se cambian, mejoran, eliminan, y al hacerse concientes, al comprender que no siempre son útiles, en un ambiente terapéutico de diseñan nuevos comportamientos, maneras de pensar y hasta de sentir, que generen otros resultados, no los indeseables. En los contextos laborares, u organizacionales, los cambios necesarios para que las personas sean idóneas, a sus cargos y generen los resultados esperados deben ser producto de un diagnóstico de la situación real, y vueltos a alinear conforme a programas colectivos más funcionales y efectivos.
Las imágenes que las personas almacenan, tienen adheridas emociones y sentimientos, pensamientos que pueden ser positivos y negativos, agradables y desagradables. Estas van a determinar en gran parte, los recursos a que echemos mano para enfrentar la vida, en cualquiera de sus ámbitos, de manera creativa. (mayo 2008)

Comentarios

Entradas populares de este blog

Fases del Proceso de Contacto. Perls y Goodman