Inteligencia emocional vs inteligencia racional
Se cruza un vehiculo, de manera abusiva y escapamos de colisionar. Un niño jugando sigue una pelota cuando va pasando un vehiculo de reparto. El jefe llega agresivo a la oficina y le dice que el trabajo que dejó el día anterior está malo y que la puede despedir. El niño en la cena hizo un movimiento mal calculado y rompió un vaso, al golpearlo con la mano.
Todos estos eventos, provocan reacciones automáticas en las personas que las viven o que las observan. Las acciones agresivas y defensivas, son parte de un repertorio de respuestas que se acumulan a lo largo de la vida. Retirar la mano de una superficie caliente, es más probable cuando la persona ha experimentado el excesivo calor. Las temperaturas, las sensaciones, los sonidos, en fin todos los estímulos que llegan a nuestro aparato sensorial, crean memorias y acumulan se convierten en la base de la generación de respuestas frente a las situaciones que cada persona vive. En el ser humano existen mecanismos reguladores que le permiten diferenciarse de las especies, las cuales reaccionan institivamente, con una programación “por defecto”, es decir, automática, que se activa frente a las necesidades y los estímulos.
Recientemente se viene hablando de varias inteligencias, o múltiples inteligencias, que permiten comprender como funciona el ser humano en diferentes situaciones y como puede ser más efectivo ante la crisis y el quehacer rutinario. En la última década, Daniel Goleman, un escritor y psicólogo norteamericano, lanzó un best seller, en el que estableció o posicionó el término de inteligencia emocional en la mente de los profesionales de la psicología, impregnando este término en ámbitos como la educación, el trabajo con grupos terapéuticos, organizaciones y los principales teoricos de los enfoques gerenciales lo comenzaron a usar convirtiéndolo en un instrumento de análisis del comportamientos humano en las empresas e instituciones.
La inteligencia emocional (EQ), se diferencia de la intelectual (IQ), porque se concentra en un área de la psiquis humana que anteriormente se habia descalificado y se hacia predominar la parte intelectual, puesto que esto significaba capacidad de resolver problemas, o generar soluciones a los mismos. La persona que estaba más equipada para resolver problemas, tanto en su ambiente laboral como académico, se le consideraba un genio y se le rendía pleitesía. Pero por otro lado, a la persona que era creativa, o tenía habilidades especiales en el trato a las personas, excelentes habilidades de comunicación y de liderazgo, no eran necesariamente inteligentes.
Sin embargo, los nuevos conceptos formulados por Goleman y sus predecesores, toman al hombre y la mujer, desde un punto de vista más integral. Consideran que estas capacidades son básicas y necesarias para la vida actual en la familia, las relaciones interpersonales, las relaciones profesionales, la educación y otras disciplinas. La inteligencia emocional, es la otra cara de la moneda y toma en cuenta lo que ha sido poco reconocido anteriormente en los medios académicos y laborales. Siempre se consideró que ser inteligente era más importante que ser ambable. Que tener ideas brillantes era más relevante que escuchar a los demás.
Los casos presentados en el primer párrafo, son retos del día a dia. Cuando la respuesta generalmente es automática y tiende a ser violenta y agresiva. Estas respuestas no son pensadas, o filtradas por la parte racional del cerebro. No es sino, tomando conciencia y actuando sobre las acciones emocionales que se comienza a crecer en esta inteligencia y a ser más efectivo. Si la inteligencia racional o intelectual se mide por la capacidad de resolver problemas, le emocional se mide por la calidad de vida que la persona puede llevar en relación, consigo misma, con los demás y con su entorno social.
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