Situaciones dificiles y cambio de paradigmas

Cuando las situaciones que conforman el entorno parecen ponerse difíciles a nivel personal, empresarial y organizacional, se generan dos tipos de respuestas: las reactivas y las proactivas. Las primeras son más comunes y muestran la capacidad de reaccionar a los eventos externos e internos del ser humano, para protegerse, para sobrevivir, etc. La naturaleza humana es más proclive a reaccionar, sobre todo cuando se siente amenazado, se puede decir que es la respuesta primitiva. La otra manera en que se responde a las situaciones que plantea la vida es de manera proactiva, o activa, representando de esta manera, la posibilidad de actuar, más que reaccionar instintivamente. Calculando y sopesando las respuestas más adecuadas para dar e incluso planificando o preparándose para realizarlas.

La capacidad de ser proactivo se ha desarrollado a lo largo de muchos años, cuando se ha aprendido a valorar las habilidades y competencias que poseen los seres humanos. Siempre hay un espacio de tiempo para pensar entre el estímulo y la respuesta irreflexiva, decía Viktor Frankl, para actuar de otra manera mas creativa y ejerciendo lo que él llamó la última libertad. Covey lo rescata en su libro sobre los 7 hábitos de la gente altamente efectiva, en el planteamiento de la Proactividad como un hábito a desarrollar para ser efectivos en la sociedad actual.

Las respuestas automáticas son necesarias para la sobrevivencia. Pero no se pueden dejar que gobiernen la vida de la persona. Daniel Goleman, en su libro Inteligencia Emocional, menciona casos tragicos, en los que la respuesta no racional conduce a desgracias y a pérdidas irreparables. En la vida actual, las personas toman decisiones en un contexto de “huida”, escapando de lo que consideran una amenaza. En ocasiones se toman decisiones personales, o empresariales a la ligera, y cuando se evalúan sus resultados se ven mediocres o llevan a un fracaso. Asimismo, muchas veces las reacciones son de confrontación o de agudizar conflictos, en lugar de buscar la solución de manera constructiva, lo que implicaría un comportamiento proactivo, constructivo.

Lo opuesto a estas circunstancias es trasladar el análisis de la situación de la organización que dirigimos, a un plano que se llama de oportunidades. Esto es vivir en función de una misión y de metas que más bien impulsen a la persona, grupo u organización hacia su progreso. Para verle el lado amable a las situaciones difíciles o complejas, no siempre es sencillo esto. Pero es factible.

La perdida de objetividad con respecto a las situaciones, siendo incapaces de separar lo fundamental de lo accesorio, asi como lo positivo de lo negativo o la fortaleza de la debilidad, genera es una serie de decisiones que no van a responder a las crisis que están planteadas.

Entonces, la necesidad de ser pertinentes y dar respuestas claras y eficaces para la resolución airosa de las crisis, implica mantener una distancia suficiente de la situación que nos permita verla desde afuera y poder analizarla concienzudamente.

Cuando logramos ver las cosas desde esta perspectiva, y relacionarlas con el entorno, en que se vive, se identifican las oportunidades y las posibilidades de convertir el panorama desolador en uno de esperanza. Que es lo que hace posible este cambio. Algo que se llama romper el paradigma, que es lo que nos limita a ver más allá de los que es obvio. Solamente cuando se es capaz de ver más allá de los problemas es que se pueden ver las soluciones. No es posible dar respuestas desde un ámbito en que solo se ven los problemas. Einstein decia que no se puede resolver un problema desde el mismo nivel en que se generó. Debe haber una distancia que permita la objetivización, como señalaba el pedagogo Freire. Se debe de despegar de la situación y ver que aprendizaje estamos obteniendo del comportamiento de la empresa, del mercado, de nuestro propio desempeño, etc. Lo que nos lleva de la mano al comienzo de la generación de respuestas y soluciones creativas.

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