TENER CONTROL SOBRE TUS PROPIAS EMOCIONES

Ricardo Ros
Tener control sobre tus propias emociones es una de las cosas más importante que se pueden aprender en la vida.
¿Podemos elegir libremente qué tipo de emoción queremos experimentar? ¿Ante un mismo estímulo podemos elegir experimentar varios tipos de respuesta? Ya no somos meramente sujetos pasivos que experimentan aquellas sensaciones que el estímulo externo dispara en nosotros. Ante un mismo estímulo externo podemos libremente elegir entre sentirnos de una manera o de otra.
¿Pero debemos rechazar sistemáticamente aquellas emociones que denominamos como negativas? El dolor, la tristeza, la melancolía, la rabia o el miedo existen porque, sin duda, son emociones útiles que nos pueden ayudar a superar determinados estados.
No es saludable obligarnos continuamente a sentirnos bien y a reprimir nuestros estados “negativos”. Debemos valorar que las llamadas emociones negativas tienen también su función.
El dolor o la tristeza son emociones negativas que provocan una bajada de energía y que estimulan una reflexión profunda. Nos ayudan a superar momentos difíciles de nuestras vidas. Pueden llegar a ser necesarias para establecer un período de transición entre un estímulo negativo externo y una recuperación emocional saludable.
Ante la muerte de un ser querido es saludable sentir dolor o tristeza como trampolín para superar esa situación.
La ansiedad o la rabia son, por el contrario, emociones negativas pero cargadas de energía. Esa sobrecarga de energía es, en ocasiones, imprescindible para superar determinadas situaciones adversas, para reaccionar contra ellas, para mantenernos alerta y en tensión. Eso no es malo en sí. Sí lo sería si mantuviéramos esa misma tensión cuando el estímulo externo ya hubiera pasado, cuando la amenaza o el peligro ya no existieran. Ante una amenaza es saludable sentir miedo, porque esa emoción dispara en nosotros los resortes necesarios para afrontarla, para superarla con éxito.
La mayoría de las emociones negativas tienen la misión de llamar nuestra atención sobre cosas que no van bien en nuestras vidas, nos proporcionan un estado para evaluar esas situaciones, y encontrar soluciones para superar las dificultades.
En ocasiones debemos permitirnos el lujo de experimentar esas emociones negativas, siempre y cuando respondan estímulos externos apropiados y nos sean realmente útiles para la superación.
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