Siete hábitos para liminar el estrés cotidiano
vía Rincón de la Psicología de Jennifer el 25/11/11
George
Earle Buckle en una ocasión afirmó que "simplificar es complicado pero es el primer paso
esencial para el éxito".
En la sociedad en la cual vivimos todo parece girar tan de prisa que a veces
nos cuesta trabajo seguir este ritmo. Lo peor es que siempre hay alguien (o
"alguienes") que se dedican a hacernos ver que somos inadecuados o
fuera de contexto porque no podemos vivir siguiendo esta velocidad.
Lo cierto es que no poder
seguir la velocidad con la cual cambia nuestra sociedad es algo totalmente
normal. Los seres humanos tenemos capacidades y recursos limitados. Nuestra
atención y memoria, por ejemplo, son muy limitadas y a veces es muy difícil
seguir el ritmo de los acontecimientos y procesarlos. Esto nos crea tensión,
ansiedad y una gran dosis de estrés. ¿Cuál es la solución? Simplificar.
1.
Escribe una lista de tareas por hacer. A veces lo que nos estresa no es la tarea en sí sino la idea constante
de la misma. ¿En cuántas ocasiones has tenido en tu cabeza la lista de las
decenas de tareas que debes realizar en el día? Este pensamiento es agotador y
estresante, por ende, bien vale la pena dedicarle apenas unos minutos en la
mañana a confeccionar esta lista.
2.
Planifica el día. No basta con hacer una
lista de tareas y dejarla como adorno, determina en qué momentos realizarás
cada una de ellas y deja siempre un tiempo para los imprevistos (sobre todo si
es lunes). Pero lo que es más importante aún, si no llega una tarea
verdaderamente urgente, cíñete a la planificación.
Si no te agrada planificar
(como es mi caso) simplemente puedes trabajar por objetivos. Es decir,
plantéate cada tarea como un objetivo a cumplir antes de una hora determinada.
Particularmente esta alternativa me resulta más motivante y satisfactoria que
la planificación.
3.
Ordena. El desorden y el caos,
además de hacernos perder tiempo, provocan estrés. Echa un vistazo a tu
alrededor en la casa y la oficina, todo aquello que no necesites ¡deséchalo! Lo
que no utilices ¡guárdalo!
4.
Comienza immediatamente la dieta de la información. ¿Cuántos diarios y blogs lees cotidianamente? De
ellos, ¿cuáles te son verdaderamente útiles? Todo aquello que no te aporte un
contenido verdaderamente interesante, ¡deséchalo!
5.
Planifica horarios para revisar el correo electrónico y para navegar por
Internet. Revisar el correo cada
cinco minutos actúa como un agente que te distrae del trabajo, te hace menos
productivo y esto genera una mayor tensión y estrés. Cuida el uso de las redes
sociales que normalmente son un agujero negro por donde se escapa el tiempo.
6.
Aprende a preguntar. A veces las personas que
están a nuestro alrededor tienen la información que necesitamos. Si simplemente
le preguntásemos, podríamos ahorrar muchísimo tiempo. El miedo a preguntar
muchas veces implica falta de confianza.
7.
Delega. No tenemos super poderes.
Normalmente las personas más estresadas son aquellas que no saben delegar
porque piensan que solo ellas son capaces para realizar una tarea. Detente y
piensa por un momento qué sucedería si estuvieras de viaje en una isla alejada
donde no pudieran localizarte, ¿qué harían? Probablemente se las ingeniarían
para lograr el objetivo sin ti. Por ende, aprender a delegar implica liberarse
de una buena parte del estrés cotidiano.

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