LA IMPORTANCIA DE LO QUE PENSAMOS Y LA CAUTIVIDAD DE LOS HÁBITOS.
Parece una paradoja que se hable de cautividad del
pensamiento, cuando se ha hecho referencia al mismo como el instrumento que nos
libera de muchos tipos de limitaciones, tales como la ignorancia, el
desconocimiento del entorno en el cual debemos realizar nuestra razón de ser.
La psiquis humana, se ha dicho que está conformada de intelecto, emociones y
voluntad.
La esfera intelectual ha sido considerada en décadas
anteriores como la herramienta clave del cerebro para la solución de problemas
que el ser humano enfrenta a lo largo de su historia personal. Históricamente
se han destacada muchos hombres y mujeres en el sentido de ser capaces de
resolver problemas. Daniel Goleman, nos abrió el horizonte incluyendo el
concepto de Inteligencia Emocional, aunque años anteriores, se hablaba de las
Múltiples Inteligencias, mencionándose una diversidad de capacidades del ser
humano para desarrollarse en diferentes contextos y posibilidades.
La neurociencia ha venido superando una serie de paradigmas
que permanecieron estables por décadas en el desarrollo de la psicología y
neurología. Según los aportes del Dr. Dispenza, la persona puede seguir
renovándose intelectualmente y en cuanto a sus hábitos, cuando éstos le
promueven solamente estancamiento. La necesidad de cambios en la actualidad
está condicionada por la velocidad de las transformaciones del entorno en
muchas áreas, comenzando desde lo económico, social, político, tecnológico,
cultural y ecológico, motivando respuestas diferentes para cada situación que
se viene presentando.
Entre sus planteamientos el Dr Dispenza, menciona que la
mayor parte del repertorio conductual del ser humano, se consolida alrededor de
los 35 a 40 años. Prácticamente a estas alturas de la vida, se ha aprendido a
lidiar con los problemas y situaciones más rutinarias y de por sí, las que
constituyen la vida contemporánea. Sin embargo, existe la posibilidad de seguir
aprendiendo, y no hay tal que una “lora vieja no aprenda”. Antes se dijo que las
neuronas que se mueren no se reponen, sin embargo, se ha descubierto que hay
una “producción” de neuronas nuevas cada día, que aunque no repone todas las
que se han “usado” o dejado de usar, dan cabida a nuevos comportamientos y en
conjunto con los miles de millones de las neuronas existentes hacen posible
nuevas conexiones que equivalen a nuevos aprendizajes, y por consecuencia a la
formación de nuevos hábitos, actitudes y rasgos de personalidad.
Al conocer de la neuroplasticidad, o capacidad del cerebro
de seguir aprendiendo a lo largo de la vida, se plantean varios retos: estamos
interesados en aprender algo nuevo? Un nuevo idioma, a ejecutar un instrumento musical,
a escribir un libro, o a cocinar o hacer artes plásticas dibujando,
esculpiendo. Todas estos aprendizajes están potencialmente contenidos en
nosotros, y obviamente que requerirán disciplina para poder salir de los
circuitos neuronales que han creado los hábitos, muchas veces éstos harán la tarea
difícil porque se convertirán en “saboteadores internos” de los nuevos
aprendizajes.
Decidir sobre cambiar nuestro comportamiento, sobre todo si
al valorarlo, lo calificamos que no es
efectivo o no permite conseguir los objetivos propuestos, implicará
trabajar en la definición de nuevos objetivos y metas. Que, se acuerdo a la
técnica Kaizen, los cambios se aseguran mejor cuando dividimos la tarea a
realizar en pequeñas partes. Siempre y cuando decidamos cambiar en una
dirección determinada, las acciones para lograrlo serán una serie de pequeños
cambios, para ir creando nuevas conexiones neuronales a nivel del cerebro
superior.
El cambio de hábitos es difícil, más no imposible. Habrán algunos
que afectan la salud, como el fumar o embriagarse (el cual en un ciclo vicioso
fuertemente posicionado, en el alcoholismo). Otros vicios serán socialmente
aceptables, como el comer comida chatarra, o chocolate, o dulces…obviamente,
que éstos tendrán sus consecuencias. Hay comportamientos que se vuelven más
complejos como las adicciones y la codependencia que es una consecuencia de los
mismos, al vivirse a lo largo de la existencia de la persona, que requerirán
atención profesional.
Todo cambio comienza con una decisión. La cual debe plantearse
muy claramente y en términos positivos, así como definirse: que se estará
viendo, escuchando y sintiendo al haberse alcanzado, lo que hará que la persona
se involucre completamente. También deberá identificar cuáles son sus recursos
internos para activar el cambio, al igual que los obstáculos que le impiden
alcanzarlo.
Los contextos o ambientes disparan los hábitos, las
conversaciones y situaciones que pueden activar los comportamientos no deseados
al evitarse o valorarse, pierden su fuerza y permiten “pensar” si se sigue el
ciclo del hábito o no. El hábito de comer demasiado, o comida chatarra se
inicia al ver un rótulo, al ver a otros, o tener de frente la vitrina de
fritangas o comida de alto contenido de grasa. Puede o no tomarse una decisión
en ese momento? Si, se puede y la persona es confrontada en todo momento si lo
hace o no. Cuando se toma la decisión del cambio, siempre va a tener el alerta
o una vocecita de la conciencia que le recuerde: Estás a dieta…o esa comida
tiene mucha grasa o carbohidratos…y se podrá optar a una ensalada.
El hábito de “postergación”, o de permitir que llegue la
hora de los compromisos sin estar preparados, también es algo que pasa a menudo
con los colaboradores de una empresa o institución. Si hay condiciones y
esquemas de trabajo programados se podrán evitar que se dé la postergación y el
dejar trabajos pendientes teniendo que trabajar a altas horas de la noche o en
su casa, privándose de la interacción con la familia.
Siempre que exista una decisión tomada conscientemente, será
posible el cambio. Muchas veces las personas lo logran intuitivamente, sin
ayuda de psicólogos, asesores o coaches. La motivación es activadora del
cambio. El niño o joven practica un deporte y se entrega al mismo, porque
quiere ser como su héroe deportivo. Un estudiante es aplicado porque tiene en
mente una profesión que quiere estudiar y ejercer. Una niña al ver un ballet,
se puede motivar a tomar clases de este tipo de danza, para llegar a ser una de
las balletistas que vió.
Todos estos aspectos señalados implican un cambio en los
esquemas de pensamiento y en la clara toma de consciencia que se puede
aprender, o que los cambios se pueden alcanzar. Se ha documentado de cambios
exitosos en personas que estaban en la cautividad de los hábitos y las
costumbres, haciendo posible ver la vida con una perspectiva fresca y más
humana.
Ese es el reto.
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