Percepción y realidad.


Creamos una imagen de la realidad a partir de lo que percibimos de esa realidad externa, habiendo abstraído o seleccionado ciertos aspectos de la misma por sobre otros. El cerebro construye una imagen de la realidad, a la cual etiquetamos, poniéndole nombres: objetos, animales, personas, relaciones entre personas, entre otros; tomando como insumos o materia prima estos estímulos visuales, auditivos, táctiles, cinestésicos, gustativos y olfativos que hemos almacenado a lo largo de la vida, con los cuales continuamos percibiendo, construyendo nuestra propia versión de la realidad.
Hay quienes hablan de que existe una sola realidad, lo que no es cierto, en tanto cada persona tiene percepciones, y pensamientos o sistemas de pensamientos (teorías, ideologías, convicciones, prejuicios) que "filtran" los elementos que capta de su entorno y con los cuales configura su propia visión del mundo.
Cuando recordamos una situación en nuestro pasado, lo hacemos en “combo”, puesto que traemos a nuestro presente el ambiente y todas las condiciones que se dieron en la situación: una situación familiar, un conflicto o logro laboral, un evento agradable con la pareja, un negocio arreglado, entre otros; están en estado latente y con un pequeño estímulo las traemos al presente y a la conciencia. Los recuerdos positivos, son “visualizados” con colores vivos y sonidos alegres. Los que han estado en un circo, el recordar a los payasos o algún evento en el programa del mismo, le provoca una sonrisa, o la imagen de los trapecistas, o animales. Eso mismo va a ocurrir con fiestas, eventos deportivos, y otros.
Se ha confirmado que las experiencias positivas, provocan estados positivos cuando se traen al presente, aunque se hayan vivido hace muchos años. Lo mismo ocurre con las negativas. Provocan estados depresivos, de tristeza, de enojo, entre otros. Es fácil distinguir entre una persona animada o alegre y una amargada por su semblante (reflejo de lo que están pensando).
Generalmente nunca nos preguntamos cómo cambiar un estado emocional, especialmente cuando nos vemos sometidos a presiones o situaciones desagradables. Esto es posible, recurriendo al potencial de la memoria, cuando accedemos a las que fueron positivas: recordar nuestros éxitos, eventos familiares agradables, logros deportivos o sociales, recordar el nacimiento de un niño o niña, siempre es algo que provoca un gozo profundo. Conviene entonces, tener a mano, en la consciencia. Acceder a estos recursos de la memoria, crean condiciones en el cerebro para producir los neuroquímicos que provocan emociones positivas.
La vida no llega a ser tan simple, puesto que vivimos en un entorno dinámico, y los estados emocionales van y vienen. Los recuerdos positivos, siempre van a ser insumos y materia prima para provocar estados emocionales recursivos o positivos, que nos hacen creativos, espontáneos, alegres, permitiendo trabajar en grupos, lograr resultados en el trabajo y en las relaciones familiares y de pareja. Cuando las emociones le jueguen bromas, “jalándole” para recuerdos negativos y nada productivos, habrá que cambiar actividad y hacer un “reset” o reinicio (como en el lenguaje informático), para cambiar el contenido de los pensamientos y convertirlos en propósitos, fines, objetivos y sentimientos de vida y esperanza.  

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